Personas tóxicas

Como ser humano, soy sociable por naturaleza. Esta necesidad de intercambio me aporta muchos beneficios, me enriquece, me hace sentir bien. Pero también me ha hecho aprender a lidiar contra las personas tóxicas.

Están por todas partes y, lo más triste, es que ellas no son conscientes de su toxicidad. Se convierten en vampiros de energía si dejas que se acerquen mucho.

Conocer, descubrir o tener cerca a una de ellas es una buena ocasión para replantearnos cosas y aprender a alejarnos.

Son personas egocéntricas, con una alta visión pesimista de todo. Todo lo ven negativo. Y, cuando me topo con una de ellas puedo esforzarme en enseñarle la parte positiva que soy capaz de ver en cualquier situación, o sencillamente, apartarme de ellas.

Son víctimas por naturaleza. Todo lo peor les pasa a ellas, necesitan ser el centro de atención y siempre se lamentan. Es agotador estar al lado de alguien así.

Son infelices y envidiosas. No se alegran nunca por los triunfos de los demás. Son mentirosas y manipuladoras, neuróticas o autoritarias. Siempre se esconde tras ellas una gran inseguridad. Utilizan a los demás como si fueran marionetas.

No es necesario que se den todos estos parámetros en la misma persona para considerarla tóxica. La buena noticia es que con un buen trabajo personal, se pueden cambiar, deshacer, corregir estas actitudes para llevar una vida emocional mucho más sana.

La vida me ha enseñado y yo he aprendido a decir NO, a decir BASTA. No soy muy hábil reconociendo a las personas tóxicas a la primera, aunque debería hacer más caso a mi intuición en lugar de esperar a dar demasiadas oportunidades a este tipo de personas. Ese Pepito Grillo que todos llevamos sentado en el hombro y que nos susurra cosas al oído y al que solemos ignorar. Pues este tal Pepito me avisó el primer día que la persona que acababa de conocer no le gustaba. Yo le dije al tal Pepito que todos merecemos segundas oportunidades, que no debemos juzgar a las personas tan a la ligera, que debemos conocerlos un poco más, ponernos en sus zapatos para comprender por qué actúan de ese modo, que tal vez tienen un mal día.

Mi Pepito Grillo tiene mucha paciencia conmigo, me conoce y sabe que soy terca, o tenaz, según se mire. Así que se queda sentado en mi hombro esperando que esa persona tóxica se saque la piel de cordero y me enseñe sus dientes de lobo. Y yo, o tú, que me estás leyendo, sigues justificando el comportamiento de ese vampiro de energía que te chupa la sangre hasta dejarte hecho polvo. Entonces llega el momento de actuar, de decir “basta”, de alejarme-alejarte de esa persona que no te aporta nada bueno, que te deja sin energía, aplastada, cansada psicológica y físicamente.

Las personas tóxicas pueden estar muy cerca de ti. Pueden ser familiares cercanos, (padres, hermanos), pueden ser parejas o compañeros de trabajo, jefes o conocidos. Yo he tenido relaciones tóxicas (que no tienen por qué ser exclusivamente de pareja) y hasta que no he reunido la fuerza suficiente para cerrar el círculo y decir “basta” me ha pasado por encima el tiempo como una apisonadora, me he dejado la piel, las lágrimas y la autoestima.

Creo que el secreto está en conocernos un poco más, en querernos un poco más, en no permitir que nadie nos merme la autoestima, que nadie nos eleve la voz, que nadie nos tire encima su mierda porque no sabe gestionarla. Somos responsables de nuestras vidas. Eso de que “yo soy así y no puedo cambiar” no me sirve. Si quieres, puedes. Así que aprende a decir NO, aprende a decir BASTA, aprende a reconocer a las personas tóxicas y a no permitir que su toxicidad te duela.