¿Por qué andas descalza por casa?

Esta pregunta me la hace el que te dije unas veintitantas veces cada otoño-invierno. Y eso que llevo viviendo en esta casa más de 10 años. Multiplica.

“Porque me gusta andar descalza”. Era mi respuesta al principio. Luego, como volvía a preguntar lo mismo días más tarde, cambiaba la respuesta por un “para que puedas preguntármelo otra vez”. Como no le era una respuesta convincente, pasados unos días, a la misma pregunta le respondía un “para que sigas preguntando lo mismo, a ver si te cansas…”

Está visto que tenemos memoria selectiva. No reciente ni lejana. Selectiva. Nos olvidamos de cosas que deberíamos recordar, y nos acordamos de otras que deberíamos olvidar.

Pero olvidar no es tan fácil. No es un acto voluntario. Tú no dices: “Anda, me voy a olvidar de esta imbécil que me ha fastidiado los tres meses de trabajo”. O “me voy a olvidar de la putada que me ha hecho mi ex”. O “pues ahora me enfado y te olvido”. No. Te olvidas de pequeñeces sin importancia, o sí. Por estrés, por distracción, o por demasiadas cosas en la cabeza. Pero el daño que alguien te ha hecho se graba a fuego lento y cuanto más quieres olvidarlo, más lo recuerdas.

Después de darle vueltas, creo que la única manera de olvidar ese dolor, es perdonar. Perdonarme y perdonarte, a ti, a quien quiero olvidar. Y una vez logrado, debo dejarme fluir, sin aferrarme, para conseguir olvidarte.

Cuanto más quiero olvidarte, más te pienso. Y cuanto más te pienso, menos te olvido y más te recuerdo. Son palabras de Natalin, una bloguera que he descubierto por estos lares y que podéis seguir en su blog https://reflexionesdevida8.wordpress.com/