Paren máquinas…

A veces tengo la sensación de que se me escapa la vida. Unos días fluye como un río a finales de verano, tranquila, suave, silenciosa. Otros, parece el descenso de un deshielo primaveral, ruidosa, desbocada, inquieta.

Acabo de cumplir años. Los que tengo suenan a condena: 50+1. Y puedo decir sin miedo a equivocarme, que ya no estoy en el ecuador de mi vida, sino que trampeo como puedo en la segunda parte, esa que va de capa caída.

No me mires así, que no me he convertido de repente en alguien pesimista. Ni hablar. Sólo que últimamente siento una sensación extraña; una sensación que hace muchos años que no sentía. Noto como si estuviera girando en medio de una espiral, a la velocidad del despeinado, y que voy a salir disparada en cualquier momento hacia una dimensión desconocida.

No siento miedo, ni desasosiego. Pero tampoco encuentro palabras que describan lo que mi cabeza intenta estructurar por todos los medios.

En la facultad de Periodismo siempre nos repetían que un exceso de información provoca desinformación. Y llevo días comprobándolo.

Estoy viviendo intensamente una verdadera crisis política en mi país. Y he leído hasta la saciedad información de aquí y de allí. He hablado con gente de allí y de aquí, charlas de café, relajadas, con personas que piensan de manera opuesta a mí, pero que son capaces de respetar opiniones diferentes sin perder los papeles, ni la compostura. Ni, por supuesto, el respeto.

Este exceso y bombardeo de información diversa ha contribuido a aumentar esa sensación vertiginosa de verme dentro de esa espiral de la que hablaba.

Vivimos en la sociedad de la inmediatez. Nos hemos acostumbrado a comunicarnos vía móvil o redes sociales. Nada de cartas como antaño, que pasaban días entre su escritura y su lectura. Todo ha de ser ya y perdemos la paciencia. Y en estos días que vivo tan intensamente, me doy cuenta que en las mismas 24 horas que vivía hace un tiempo, ahora parece que van más deprisa. Me explico. Antes, hace un tiempo, sin concretar cuánto, los días pasaban más o menos despacio, fluían, se deslizaban suavemente uno tras otro. Pero ahora tengo la extraña sensación de que vuelan a la velocidad del rayo, de que ocurren demasiadas cosas en muy poco espacio de tiempo, que me voy a dormir pensando en que, cuando me despierte, habrá muchísima información que me habré perdido durmiendo.

Incluso pienso que tal vez mañana ya no tendrá sentido todo lo que he escrito.