El miedo a una página en blanco.

Debería escribir y no puedo. Cada vez que me enfrento a una página en blanco me bloqueo.

Empiezan a dibujarse frases improvisadas, para ver si el resto de palabras fluyen por si solas; y ni así.

Puntos y aparte, iniciando un nuevo discurso, a la espera que den forma y vida a nuevas historias; y nada.

Intento hablar de mí, de él o de aquel y no se me ocurre cómo continuar la frase.

Miro de empezar con algo inventado, en tercera persona, sin implicarme emocionalmente, y sólo se dibuja una masa gris en mi cerebro. No hay colores.

Salgo a pasear, tapada hasta la nariz, con las manos enguantadas dentro de los bolsillos. Ritmo rápido. Ritmo lento. A ver si veo algo o alguien que me llame la atención y me inspire. Sólo veo caras tristes, cabizbajas, grises, sin chispa en la mirada.

Miro por la ventana, en busca de ese hilo invisible que me incita a estirar y estirar, a tejerlo despacito con letras, comas y acentos, hasta crear algo con lo que pueda cubrirme un rato. Pero el sol, escondido tras unas nubes espesas, no me ilumina ni una pizca para poder encontrar el principio de ese ovillo.